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Prof. Dr. Humberto Maturana Romesín

Presentaci�n

8 de noviembre de 2007, por Humberto Maturana

Comencé mi vida científica como estudiante de medicina (1948) en la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile bajo la guía del Profesor Gabriel Gasiç.

Más tarde la continué en Inglaterra (1954) del profesor J. Z. Young. Durante éste período y en relación con éstos profesores, aprendí a considerar a los seres vivos no como conglomerados de propiedades o componentes con importancia funcional, sino como entes dinámicos autónomos en continua transformación en coherencia con sus circunstancias de vida.

En 1956 fui aceptado en la Universidad de Harvard como candidato al Ph. D. en biología. Yo estaba interesado principalmente en la neuroanatomía y la fisiología de la visión, pero mi interés biológico general era la comprensión del modo de operar sistémico del sistema nervioso y la organización sistémica de los seres vivos. Obtuve mi doctorado (ph.D.) en 1958 con una tesis que fue un estudio de la ultra estructura del nervio óptico de la rana (Rana pipiens). Mi interés en el tema de la percepción me llevó a relacionarme con el Dr. Jerome del Instituto Tecnológico de Massachusetts, y a aceptar eventualmente una posición postdoctoral en su laboratorio. De allí adelante colaboramos por varios años. Los frutos de esta colaboración fueron publicados en varios artículos sobre anatomía y fisiología de la visión de la rana, artículos considerados ya como clásicos. Yo pienso que esos trabajos han tenido una gran influencia en la historia de la fisiología de la percepción porque rompieron con la visión tradicional existente que trataba al sistema nervioso como un analizador pasivo de las dimensiones físicas del estímulo. En esos trabajos mostramos que en la visión de la rana, y ya a nivel de la retina misma, el sistema nervios especifica con su estructura lo que el animal ve. En ese entonces nosotros decíamos que la retina abstraía de manera selectiva distintas configuraciones del estímulo visual. Sólo más tarde me di cuenta de que lo visto era de hecho especificado por el operar de la retina, y que no era simplemente una abstracción de las coherencias del mundo visible. Más aún, mostramos que es el vivir del animal lo que determina como y que ve éste.

Regresé a Chile en 1960 como Ayudante Segundo en la Cátedra de Biología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile. Siguiendo mi interés en los fenómenos perceptuales y en la organización de los seres vivos, inicié dos caminos de investigación, uno en una serie de estudios anatómico y fisiológicos del sistema visual de las aves, y otro en el intento de caracterizar la organización de los seres vivos como sistemas autónomos.

En el ámbito de la percepción visual estudié la visión de colores de la paloma, tratando de identificar a nivel retinal y talámico los procesos neurofisiológicos que dan origen en estos animales a sus distinciones cromáticas. A través de este estudio llegué a lo que considero las ideas centrales de mi entendimiento del sistema nervioso:

1. Que el sistema nervioso no opera captando características del mundo externo, y que por lo tanto no opera haciendo una representación de dicho mundo externo
2. Que los estímulos que un observador ve como externos gatillan pero no especifican los cambios que ocurren en el sistema nervioso como resultado del fluir de las interacciones del organismo con el medio
3. Que el sistema nervioso como red neuronal cerrada sobre si misma, opera como una red cerrada de cambios de relaciones de actividad neuronal
4. Que en tanto algunos de los componentes neuronales del sistema nervioso se intersectan con las superficies sensoras y efectoras del organismo, éste en su operar como red cerrada de cambios de relaciones de actividad en sus elementos neuronales, da origen a correlaciones senso efectoras en el organismo
5. Que la conducta del organismo surge en sus encuentros con el medio según el fluir de las correlaciones senso efectoras que el operar del sistema nervioso genera en él
6. Que la congruencia operacional de un organismo con su circunstancia, es el resultado de los cambios estructurales coherentes entre organismo y medio que han surgido de la historia evolutiva a que éste pertenece, y que surgen en su devenir ontogénico.

Fue entre los años 1968 y 1970 que publiqué por primera vez estos trabajos e ideas en tres artículos llamados, "A relativistic Theory of Color Coding in the Primate Retina", "Neurophysiology of Cognition", and "Biology of Cognition". Desde entonces he continuado trabajando sistemáticamente con las consecuencias de ésta ideas en los ámbitos de la neurobiología, el conocimiento, el lenguaje, y la evolución biológica.

La noción de que el sistema nervioso opera como una red cerrada de cambios de relaciones de actividad neuronal ha resultado poderosa para la comprensión de los fenómenos cognoscitivos. En 1970 entrelacé la visión del operar del sistema nervioso como sistema cerrado de cambios de relaciones de actividad, con la visión del ser vivo como sistema cerrado de producciones moleculares, en el desarrollo del entendimiento de los seres vivos en su organización como redes cerradas de producciones moleculares abiertas al flujo material y energético. Así invente la palabra "autopoiesis" para capturar el hecho de que los seres vivos son sistemas autónomos como redes discretas de producciones moleculares en las que las moléculas producidas con sus interacciones constituyen la misma red que las produjo y especifican su extensión en un ámbito de continuo flujo molecular. En un libro que escribí con mi antiguo alumno Francisco Varela, y que llamamos "de Máquinas y Seres Vivos" mostramos que todos los fenómenos biológicos resultan directa o indirectamente del operar de los seres vivos como sistemas autopoiéticos moleculares. La teoría de la autopoiésis junto con el entendimiento de que el sistema nervioso no opera con representaciones del medio, ha tenido muchas consecuencias en el ámbito de la biología, teoría del conocimiento, y ciencias sociales.

Lo que ha ocurrido en el ámbito de la neurobiología en estos últimos veinte años muestran en mi opinión, aunque de manera circunstancial, que mi visión del operar del sistema nervioso es adecuada. En efecto, cada vez más se hace evidente que la idea de que el sistema nervioso opera con representaciones del medio de existencia del organismo es inadecuada para entender fenómenos como el lenguaje, la consciencia, la imaginación, o el sentido espiritual de la vida humana. Es por esto que el tema de la neurobiología de la visión como un camino de investigación de la generación de los espacios de existencia de los seres vivos sigue vigente, y se mantiene como un tema central en mi laboratorio.

Desde 1970 he trabajado en el desarrollo de lo que he llamado "biología del conocimiento" así como en las implicaciones de la teoría de la autopoiesis en distintos ámbitos de la fenomenología biológica, en particular en el antropológico social, en el origen de lo humano, y la evolución biológica. Estos distintos temas están entrelazados tanto desde lo que se refiere a la organización del ser vivo y su operar como sistemas determinados en su estructura, como desde lo que se refiere al entendimiento del operar del sistema nervioso como una red neuronal cerrada. Lo central en el desarrollo de mi pensar ha sido el hacerme cargo de que los seres vivos existimos en dos dominios operacionales, uno el de la dinámica estructural interna, que es donde se realiza la autopoiésis, y el otro es el de la dinámica relacional que es donde existimos propiamente como seres vivos en la realización de nuestro vivir como las distintas clases de seres vivos que somos.

La distinción de estos dos dominios de existencia de los seres vivos es central para no confundirlos en la explicación. Así, por ejemplo, no es posible entender el fenómeno del lenguaje si uno no se hace cargo de que éste existe o tiene lugar como una dinámica relacional y no como una dinámica neurofisiológica aunque resulte de una dinámica neurofisiológica. Lo mismo pasa con los fenómenos de autoconsciencia.

Otro aspecto del desarrollo de mi pensar y explicar, tiene que ver con el hacerse cargo de que los seres vivos somos sistemas determinados en nuestra estructura, y que por lo tanto, es central entender y explicar los fenómenos humanos en todas sus dimensiones sin violar conceptualmente tal condición. En este sentido me he dado cuenta de que para de hecho comprender y explicar los fenómenos biológicos en su carácter histórico, es fundamental hacerse cargo de la condición de congruencia estructural del ser vivo con su circunstancia su como condición primaria de existencia. El reconocimiento conceptual y operacional de ésta condición, que yo llamo "acoplamiento estructural", permite comprender el curso del cambio estructural philogénico y ontogénico bajo condiciones en las que se conservan el vivir y la adaptación. Más aún, tal comprensión permite explicar las distintas dimensiones del vivir humano en espacios de existencia que surgen en la convivencia en el lenguaje como si fuesen de carácter abstracto pero que ocurren en la concretitud del vivir cotidiano. Mi trabajo en éste campo me ha llevado a varias publicaciones, de las cuales la más reciente es un pequeño libro que se llama, "Objetividad: un argumento para obligar" (Dolmen Editores, 1997).

En el presente me encuentro trabajando en entender el acoplamiento de la dinámica cerrada del sistema nervioso con el operar del organismo que hace a ese operar cerrado un operar recursivo generador de los distintos espacios de relaciones en que un organismo vive. Esto es particularmente necesario para comprender la existencia humana en los distintos dominios de realidad en que tiene lugar, y como vivimos en realidades virtuales que dejan de serlo para ser el fundamento de nuestro devenir. Por último, es desde esta dirección que me interesa el origen de lo humano, el lenguaje y las emociones.

El último desarrollo conceptual que he hecho, tiene que ver con lo que llamo "biología del amor" , cosa que aún se trata como tema tabú en el ámbito de las ciencias biológicas, pero que yo quiero sacar de allí. Las emociones ocurren en el espacio relacional del organismo como clases de conductas relacionales. Desde el punto de vista orgánico las emociones corresponden a dinámicas internas neurofisiológicas que especifican en cada instante como se mueve el organismo en el espacio relacional. Las emociones, por lo tanto especifican el curso de las relaciones del organismo en el medio, y de hecho constituyen un factor guía en el devenir ontogénico y filogénico a la base de la historia evolutiva de los seres vivos.

Publicado en http://www.uchile.cl/facultades/ciencias/1.htm