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Consciencia y Autoconsciencia: La Evolución de la Subjetividad

9 de julio de 2008, por Jaime R. Silva C.

Descripción:
Se explora la evidencia teórica y empírica del estudio de la consciencia y la autoconsciencia enfatizando la perspectiva evolutiva y el Darwinismo Neural como un marco conceptual general para la comprensión de los fenómenos descritos. Se concluye delineando la autoconsciencia como un proceso de la experiencia humana, que incluye la dialéctica entre consciencia primaria y de orden superior, a través de la cual se construyen experiencias emocionales y se generan teorías de la mente.
Intentar responder la pregunta de -¿qué es la autoconsciencia? lleva al investigador a un espacio enorme de conocimiento, en donde existen diversos puntos de vista, de complejidad igualmente variada. En términos generales el concepto "autoconsciencia" significa o refiere un proceso recursivo de la consciencia, es decir, consciencia de la consciencia. Teóricamente, por lo tanto, un primer paso lógico es intentar obtener una explicación, dilucidar qué es el fenómeno de la consciencia en sí mismo. Desde esa conceptualización se espera construir un modelo que permita describir y, en último término, explicar la autoconsciencia como un subproducto, un elemento específico o como la evidencia teórica lo sugiere un proceso estructural y funcionalmente codependiente a la consciencia. (Edelman, G. 1989,1992,1995; Guidano, 1987, 1991; Silva, J. y Lecannelier, F. 1998).
Se esbozará, por lo tanto, un modelo general de la consciencia, para luego ir desarrollando una conceptualización de la autoconsciencia, tanto en términos evolutivo-filogenético como de desarrollo-ontogénetico.
El estudio científico de la consciencia; problemática y estado actual.
El inicio mismo del estudio de la consciencia puede desilusionar a un investigador principiante. En efecto, el campo de estudio es, por un lado extremadamente amplio en cuanto a explicaciones posibles, y por el otro, extremadamente complejo (Ver por ejemplo Hameroff, S. R., Kaszniak, A. W. & Scott, A. C., 1997). Así nos encontramos con teorías que intentan describir y/o explicar la consciencia desde perspectivas muy variadas, por ejemplo, neurociencias (Edelman, G. 1989, Calvin, W. 1996) filosofía de las ciencias (Chalmers, 1996, Searle, J 1997; Nagel, T., 1974, 1998) psicología (Combs, A., 1996; Baars, B. 1997) y física cuántica (Penrose, 1994; Lockwood, M., 1989). Aunque algunas de estas formulaciones poseen una complejidad conceptual abrumadora, muy pocas han podido ser llevadas a pruebas empíricas que validen los conceptos formulados. Por otro lado, si bien se trata de un esfuerzo multidisciplinario, el estudio de la consciencia posee un pobre desarrollo transdiciplinario, en el sentido de que carece de cuerpo teórico y metodológico compartido (Vandervert, L., 1998). Desde ahora, es importante aclarar que el entendimiento de la consciencia, lejos de disponer una teoría explicativa final, sólo posee formulaciones aproximadas o programas de investigación por confirmar o refutar. De todas formas, se intentará bosquejar sencillamente el estado actual del estudio científico de la consciencia, tanto en su objeto de estudio, como en la descripción de una de las propuestas teóricas más sobresalientes que se ha desarrollado en el último tiempo. Luego se centrará el foco de atención en los procesos de la autoconsciencia propiamente tal.
El problema de la consciencia.
Lo primero que se debiera esperar, si pretendemos comprender y explicar un fenómeno, es la definición de éste; podríamos hacerlo a través de sus características, propiedades, elementos constituyentes, etc. Sin embargo, esta es la primera dificultad que encontramos en el estudio de la consciencia; -¿Cómo definir un fenómeno cuya esencia es subjetiva, en el sentido de que el único observador de la consciencia (si es que puede serlo) es aquel que la posee?, y, por otra parte -¿Cómo delimitar un proceso complejo sin reducirlo a uno de sus tantos componentes (por ejemplo, potenciales evocados, respuestas verbales, percepción visual, etc.)?. John Searle (1997, 1998) propone acertadamente que, para estudiar la consciencia, no debemos esperar en principio una definición científica o final sino que, al contrario, como cualquier inicio de un desarrollo teórico/investigativo, lo único que se dispone es una definición o conceptualización de sentido común, desde la cual, obviamente se espera ir desarrollando y especificando conceptos cada vez más válidos y confiables.
Tener consciencia, en términos de sentido común, es tener una experiencia sentida, vivida subjetivamente en el aquí y ahora o, en palabras de John Searle (1997, 1998), "Un estado subjetivo de enterarse que comienza cuando uno despierta de un dormir sin actividad onírica y continúa hasta que uno vuelve a dormir de nuevo, o cae en coma, o muere, o de alguna forma se vuelva, como uno pudiera decir, inconsciente".
De aquella noción primitiva surgen los problemas del estudio de la consciencia; problema en el sentido de que son disyuntivas que cualquier teoría de la consciencia debiera explicar para dar cuenta satisfactoriamente del fenómeno. El filósofo David Chalmers (1996) divide esta problemática en dos grupos concretos; el problema accesible (Easy-Problem) y el problema intrincado (Hard-Problem). El problema accesible se refiere a ciertas características y propiedades que pueden ser fácilmente explicadas a través de las metodologías de las ciencias cognitivas actuales, incluiría por ejemplo, discriminación y reacción a estímulos, procesamiento de la información, etc. En otras palabras, serían todas aquellas propiedades de la consciencia que pueden ser abordadas por algún modelo disponible en la actualidad científica. El problema intrincado se refiere a lo que se ha venido llamando el problema del cualia. Este concepto hace referencia a la subjetividad, a lo "vivido interiormente y con determinada cualidad". Así por ejemplo, cuando usamos nuestra vista tenemos una experiencia subjetiva que se corresponde a una experiencia visual, experimentamos la cualidad de la luminosidad, el colorido, la cualidad de la profundidad, etc. La misma experiencia cualitativa y subjetiva se obtiene a través de otras modalidades sensoriales que, en su conjunto, forman una continuidad momento a momento de la experiencia subjetiva. Teniendo en consideración esta subdivisión, es fácil imaginar que un dispositivo mecánico, un robot por ejemplo, sea capaz de analizar datos, discriminar objetos, incluso de aprender y mantener una conversación básica con un humano, en otras palabras llevar a cabo alguna operación relacionada al problema accesible de la consciencia. Pero -¿Es posible imaginar a ese mismo robot con una experiencia sentida, subjetiva de todo esto, es decir, llevar a cabo una operación del sistema intrincado?. Ciertamente no, es más uno podría imaginarl llegar a crear un sistema tan complejo como el ser humano, pero llegar a pensar que ese sistema genere una experiencia subjetiva, es altamente improbable. Es tan complejo este sistema que nadie, a nivel teórico al menos, ha sido capaz de explicar cómo surge el cualia, lo que sería equivalente a explicar el fenómeno de la consciencia en sí. Ya en el año 1974 el filósofo Thomas Nagel había puesto en escena esta problemática con todos sus ingredientes, en su célebre artículo "What is like to be a bat?" (-¿Qué es ser como un murciélago?): "La experiencia consciente es un fenómeno extendido. Ocurre a varios niveles de la vida animal... pero no importa como varíe su forma, el hecho que un organismo tenga una experiencia consciente significa, básicamente, que hay algo que es ser como ese organismo... podemos llamar a eso el carácter subjetivo de la experiencia. Esto no es capturado por ninguno de los análisis reductivos recientemente diseñados, para todos ellos es lógicamente compatible su ausencia" Efectivamente, aún hoy en día todos los modelos teóricos propuestos para explicar la consciencia son compatibles con la ausencia de subjetividad o de cualia, y si asumimos que explicar la consciencia es explicar una experiencia esencialmente subjetiva, entonces es evidente que aún el problema de la consciencia sigue siendo el "misterio de la consciencia". En otras palabras, mientras no se solucione el "problema intrincado" el problema de la consciencia permanecerá irresoluto.
El Darwinismo Neural.
Ciertamente que se han llevado a cabo grandes avances científicos que hacen que el panorama del estudio de la consciencia se vea alentador. En especial, dentro de las neurociencias, se ha desarrollado una teoría bastante elaborada y profunda (Sacks, O. 1995; Searle, J. 1997) por el Nobel Gerald Edelman. Por ello, se explicará brevemente esta formulación para luego esclarecer sus implicaciones para el entendimiento de la "autoconsciencia".
Desde una perspectiva estrictamente científica Edelman (1989, 1992) intenta esbozar un modelo explicativo de la consciencia, basado en lo que él ha llamado Darwinismo Neural. En términos generales el Darwinismo Neural es una selección del "más viable" al interior del sistema nervioso, que ocurre entre grupos de neuronas, a través de tres mecanismos básicos; selección de desarrollo, selección experiencial y el reintegreso o mapas reentrantes:
Selección de desarrollo: se corresponde con la formación del sistema nervioso en el cual se diversifica la conectividad entre neuronas en las diversas regiones cerebrales. Esta diversificación estructural durante el desarrollo ontogénico resulta de la regulación epigénica de la división celular, migración, muerte y procesos de extensión, así como la actividad neuronal en sí misma (Edelman 1989). Esta diversidad generada epigénicamente, llevaría a la formación de un repertorio primario consistente en un gran número de grupos neuronales dentro de una región anatómica dada (Edelman 1989). En otras palabras, el repertorio primario resultante de una selección de desarrollo sería el contexto de constricción estructural de un sistema nervioso dado.
Selección experiencial: Esta selección ocurre en la población de sinapsis (a través del fortalecimiento o debilitamiento) dentro del repertorio primario de grupos neuronales, dando origen a nuevos grupos ahora dependientes del fortalecimiento diferencial de ciertas sinapsis y no de otras. Es decir, en correspondencia a la experiencia del organismo con su medio, en el sistema nervioso se formaría un repertorio secundario basado en el fortalecimiento de algunas sinapsis y el debilitamiento de otras. En palabras de Edelman (1989) "la selección experiencial no ocurre, como en la selección natural en la evolución, como resultado de la reproducción diferencial, sino que como resultado de una amplificación diferencial de ciertas poblaciones sinápticas".
Mapas reentrantes o reingreso: un mapa es una lámina de neuronas (grupo de grupos de neuronas) en el cerebro que está relacionada (vía conexiones sinápticas) con láminas de receptores sensoriales específicos, por un lado, y relacionada con otros mapas en áreas diversas del cerebro, por otro. Estas relaciones de mapas tienen una propiedad especial: el reingreso. El reingreso es un proceso de señalización paralela entre mapas, donde un mapa 1, por ejemplo señala (activa) un mapa 2, este a su vez reingresa o señala al mapa 1 y este nuevamente al mapa 2, formando así "loops" de reingreso o coactivación. Esta propiedad de la relación entre mapas permite, entre otras cosas, la correlación temporal de las distintas actividades de los grupos neuronales dentro de cada mapa y entre mapas. El cerebro posee distintas clases de mapas desde los más primarios, relacionados directamente con áreas sensoriales, hasta mapas de alto orden o mapas de mapas de mapas, etc.
En síntesis, por medio de los tres mecanismos antes descritos, ocurriría una selección de grupos neuronales específicos; a través de la selección de desarrollo se individualizaría una distribución específica de grupos de neuronas en un sistema nervioso igualmente específico. Luego, por medio de la selección experiencial se favorecerían relaciones específicas (por medio del fortalecimiento diferencial) de grupos neuronales y, finalmente por medio de "loops" reentrantes o de reingreso se actualizaría efectivamente una red de relaciones de coactivación de mapas neuronales (grupo de grupos neuronales) de niveles de complejidad creciente (mapas de mapas o "mapeos globales").
Teniendo en cuenta estas características y/o mecanismos que operan como principios generales y fundamentales del funcionamiento cerebral podemos abordar de forma más clara la conceptualización de la consciencia a partir del Darwinismo Neural.
Para Edelman la consciencia humana consistiría en la integración de dos tipos de consciencia; la consciencia primaria y la consciencia de orden superior. En este punto me referiré preferentemente a los aspectos fenomenológicos de ambos tipos de consciencia aludiendo al correlato neuronal sólo de forma global (un análisis de profundidad se puede obtener de Edelman 1989, un análisis global y más integrador en Edelman 1992). En general, la consciencia primaria posee estructuras cerebrales bien definidas desde las cuales se han desarrollado estructuras evolutivamente más recientes (Areas de Broca y Wernicke, Lóbulo frontal) que se relacionan directamente con la consciencia de orden superior.
Tener consciencia primaria se relaciona con la compleja y diversa actividad neuronal vinculada con ciertas áreas cerebrales y la percepción sensorial, que se llevaría a cabo mediante patrones de reingreso, generando así una coactivación de mapas asociados a distintas modalidades sensoriales. Desde una perspectiva fenomenológica estar en consciencia primaria es tener una escena, en el sentido de experimentar momento a momento una sucesión continua de vivencias sensoriales en correlación y globalidad. Así por ejemplo, tener consciencia primaria de la lluvia sería una experiencia integral de imágenes de gotas cayendo, sonidos de agua golpeando distintas superficies, sensaciones térmicas del agua sobre la piel, olor de la mezcla del agua con distintos elementos, etc., todo ello en una globalidad. Sin embargo, este tipo de consciencia es exclusivamente consciencia del presente (momento a momento) o, en otras palabras, es una sucesión focalizada en el aquí y ahora. De esta manera podemos comprender que la consciencia primaria es una consciencia vinculada en tiempo real a las experiencias sensoriales, además dada la influencia de los procesos asociados a mecanismos, que Edelman llama, de "memoria de valor" (memoria, dicho en términos negativos, de lo que es "no viable" para el organismo y por lo tanto debe evitarse) es que aquellas experiencias sensoriales no aparecen como una experiencia "vacía". Al contrario, son experiencias con un alto significado global, por lo que Edelman llama metafóricamente a la consciencia primaria "el presente recordado"; "presente" porque la consciencia en este nivel siempre es momento a momento ligada al presente sensorial inmediato y "recordado" por el significado evolutivo que van adoptando las distintas experiencias y que influyen a la siguiente. Finalmente es necesario señalar que este sería el tipo de consciencia de, al menos, los mamíferos y en general de algunos organismos con ciertas características de sistema nervioso pero que no poseen lenguaje ni autoconsciencia (los elementos centrales de la consciencia de orden superior de los humanos).
Gracias a ciertas estructuras cerebrales que evolucionaron (en relación a determinadas condiciones ambientales) y que posibilitaron especialmente la emergencia del lenguaje, es que surge la consciencia de orden superior como tal como se observa en los humanos. Esta consciencia se esboza levemente en los primates superiores o grandes simios. En efecto, según Edelman (1989): "el Homosapiens es el único animal con un lenguaje verdadero, aunque los primates superiores parecen usar símbolos individuales con un grado de referencia semántica (no sólo simple significación). Estos primates, tales como los chimpancés, carecen de ricas fuentes sintácticas, aunque demuestran alguna evidencia de autoconsciencia. La emergencia de esta característica sugiere que los chimpancés poseen al menos un inicio de consciencia de orden superior con alguna capacidad para formar modelos de sí mismo en relación a un modelo de mundo. El verdadero lenguaje es por lo tanto probablemente no absolutamente necesario para la emergencia de la consciencia superior, aunque se requiere para su posterior elaboración" (pág. 187).
La consciencia de orden superior sólo es posible si existe la consciencia primaria y la habilidad del sistema para producir conceptos. Al ser recategorizados los procesos de la consciencia primaria, mediante patrones de reingreso, se van generando modelos a largo plazo o categorías relacionadas con el "sí mismo" y "no sí mismo". Gracias a este lenguaje aquellas categorías se van complejizando cada vez más, posibilitando al individuo generar modelos (de sí mismo y el mundo) en donde aparece, a diferencia de la consciencia primaria, una distinción entre pasado, presente y futuro. Gracias a esta capacidad emergente es que en los sistemas vivos con consciencia del orden superior se ha incrementado enormemente el rango y flexibilidad conductual junto con el aprendizaje. Teniendo el concepto de reingreso en mente y asumiendo que la consciencia de orden superior es un proceso de recategorización de la consciencia primaria podemos afirmar que los seres humanos, al poseer una consciencia de orden superior, no pueden experimentar la consciencia primaria en sí misma sin algún componente de la consciencia de orden superior, por un lado, y que los procesos de la consciencia primaria son el marco referencial y de constricción de los procesos de la consciencia de orden superior, por el otro.
Así, la consciencia humana, tal como lo anticiparon diversos autores (por ejemplo, Guidano, V. 1987) se corresponde con el proceso continuo de tener una experiencia automática global e inmediata (consciencia primaria) junto con un reordenamiento (recategorización) en modelos conceptuales explícitos del sí mismo y el mundo (consciencia de orden superior).
En adelante, nos ocuparemos del proceso particularmente complejo relacionado con el emerger de la consciencia de orden superior, en especial de la autoconsciencia. Para ello el análisis se centrará en la evolución de la autoconsciencia en los primates incluyendo los seres humanos, para luego establecer las consecuencias del surgimiento de ella en el desarrollo individual humano.
Autoconsciencia: evolución y desarrollo.
Desde el punto de vista genérico, dentro del ámbito de la psicología cognitiva, la autoconsciencia se define al menos desde cuatro modelos distintos (Kihlstrom y Klein, 1997); como concepto, como historia (narrativa), como imagen y como red asociativa. Independiente de cual se adopte, todas hacen referencia al conocimiento (llevado a cabo bajo distintos procesos) que una persona tiene acerca de sí mismo. Esta habilidad trae consigo, como veremos más adelante, consecuencias determinantes en la forma que toma la experiencia de los seres humanos en su desarrollo. Por otra parte, la conformación o calidad específica que tal conocimiento de sí mismo adquiere esta directamente vinculado con las relaciones de apego tempranas que acompañan el desarrollo individual (Bowlby, 1980, Schore, 1994). Por ejemplo, es una observación común que, en términos generales, las relaciones tempranas inestables (en el sentido de la continuidad y congruencia del patrón de interacción, sea este positivo o negativo) se acompañan del desarrollo de un sí mismo igualmente inestable y lo contrario ocurre si la relación resulta ser estable. Esta relación de la autoconsciencia con las interacciones tempranas, como profundizaremos más adelante se debe principalmente a la participación de estas últimas en la regulación afectiva en correspondencia con el lenguaje.
Como se puede deducir de lo expuesto anteriormente, la autoconsciencia no es una característica "dada" en el organismo sino que, por el contrario, es una habilidad que se desarrolla en el tiempo y en congruencia con las presiones evolutivas, ya sean ambientales o sociales. Esto último es válido en el sentido evolutivo-filogenético como en el evolutivo-ontogenético. Por ello nos ocuparemos en adelante de la filogenia y la ontogenia de la autoconsciencia.
Filogenia de la autoconsciencia; el auto-reconocimiento.
De acuerdo a una perspectiva filogenética, la autoconsciencia es una habilidad que se ha desarrollado en algunas especies y no en otras. En su máxima expresión se observa en los seres humanos, sin embargo formas rudimentarias de conocimiento de sí mismo se observan en los grandes simios, específicamente en los chimpancés y orangutanes. Esta forma rudimentaria de autoconsciencia es lo que se ha llamado "el auto-reconocimiento" o la capacidad de autoidentificarse. La evidencia de las afirmaciones anteriores surge de la línea de investigación iniciada en el año 1970 por Gordon Gallup Jr. en un artículo publicado en la revista Science titulado "Chimpanzees: Self-recognition" (Chimpancés: auto-reconocimiento). Para evaluar el auto-conocimiento, Gallup diseñó un test que llamó "el test de la marca" el cual permitía determinar si un animal poseía o no la capacidad de auto-reconocerse.
Este test surge debido a la observación general de que los chimpancés respondían a sí mismos al ser confrontados repetidamente con el espejo. Por esto, Gallup ideó una forma más sistemática y controlada de evaluar si ellos se reconocían en aquellos espejos. El procedimiento consiste en adormecer a un chimpancé (o cualquier primate que se estudie) que ya tiene experiencia con espejos y se le pinta con una sustancia inodora de color rojo en un área de la cabeza que no podía ser observada, a menos que se utilice un reflejo. Luego se observaba que ocurría cuando el chimpancé despertaba y volvía a contemplarse en el espejo. Obviamente la respuesta más frecuente en los chimpancés fue llevarse la mano a la mancha roja (no al espejo) e intentar explorarla. Si ello ocurría se dice que el sujeto "pasó el test de la mancha" y que por lo tanto se auto-reconoce. Esta capacidad se ha encontrado en humanos, chimpancés, orangutanes y eventualmente en gorilas. Otros primates a pesar de ser expuestos durante años a un espejo continúan reaccionando a su reflejo como si se tratara de otro animal. Por ejemplo en un estudio hecho con Macacus Rhesus (Gallup, G. y Suarez, S.D. 1991) se encontró que, aunque fueron expuestos a un espejo durante más de doce años, mostraban poco interés de su imagen y que, si respondían a ella, lo hacían como si fueran confrontados con otros simios.
La hipótesis de cómo llegó el ancestro común (hoy extinto) de los grandes simios y humanos a desplegar el auto-reconocimiento es interesante para el análisis de la autoconsciencia humana. Básicamente se ha desarrollado una explicación de la emergencia de aquella capacidad observando a los orangutanes, ya que se supone son la aproximación más cercana al ancestro común (Povinelli y Cant, 1995). Los orangutanes a diferencia de los otros grandes simios permanecen gran parte de su tiempo en los árboles. Si se considera el tamaño y peso de estos simios entonces aparece de inmediato una dificultad o "presión evolutiva" relacionada con el desplazamiento a través de los árboles y las consecuencias de una caída; dado el peso y tamaño del orangután las probabilidades de sufrir una caída o de sufrir lesiones mortales luego de una caída son mucho mayores que en el resto de los primates. Es así que el orangután (y supuestamente el ancestro común) se ha visto en la necesidad de desarrollar un patrón locomotor muy complejo. En efecto, los orangutanes ejecutan una serie de metódicas y cuidadosas respuestas no estereotipadas y altamente flexibles (Povinelli y Cant, 1995; Gallup, 1997) de modo de poder desplazarse a través de los árboles. La forma general de desplazarse se ha denominado "balanceo" y supone, según Povinelli y Cant (1995), el desarrollo de un monitoreo "en línea" de la actividad motora lo que requiere un sentido de agencia personal que a su vez llevaría al auto-reconocimiento. Recientemente Anne Russon (1998) ha propuesto que la clave en el desarrollo de las habilidades cognitivas superiores en el orangután, más que deberse al problema del desplazamiento a través de los árboles, se debe a presiones evolutivas ejercidas por la dificultad en obtener comida. Los orangutanes dado su tamaño y peso y las características físicas de la localización y forma de los alimentos que requieren, deben realizar una serie de conductas complejas y flexibles que requieren el desarrollo de un "intelecto complejo", específicamente la jerarquización como mecanismo cognitivo principal.
Independiente de cual hipótesis es correcta las consecuencias para nuestro análisis son las mismas. Para que exista una capacidad de autoconsciencia como en los seres humanos, como se mencionó anteriormente, debió desarrollarse el lenguaje en correspondencia con le evolución de nuevas áreas cerebrales; el área de Broca y Wernicke (Edelman, 1989) junto con el desarrollo del tercio anterior del cerebro o Lóbulo Frontal (Case, R, 1992; Stuss, D, 1992). Efectivamente la evolución de nuevas áreas cerebrales necesariamente aumenta los niveles de complejidad de recategorización entre mapas neuronales permitiendo en su conjunto, como se dijo, el aumento de la flexibilidad conductual y el aprendizaje. El que esto haya incluido el despliegue de la autoconsciencia se relaciona con el hecho de que para el surgimiento de una alta complejidad conductual, relacionada con las presiones evolutivas correspondientes, se debería recategorizar o reorganizar (no cambiar) gran parte del sistema, surgiendo una dialéctica entre dos sistemas, un sistema general y global (consciencia primaria) y un sistema específico que reorganizara paso a paso al anterior y a sí mismo (consciencia del orden superior). En este sentido, metafóricamente hablando, uno de los sistemas debe "percibir" al otro para poder reordenarlo o recategorizarlo. Bernard Baars (1996, 1997) ha sugerido, en relación a lo anterior, que el sí mismo y la subjetividad surgen como consecuencia de la relación entre áreas cerebrales donde unas "reconocen patrones" resultantes de la actividad de las otras. No es de extrañar entonces, tal como lo demuestra Donald Stuss (1992), que el lóbulo frontal esté relacionado con el aprendizaje y el control de respuestas noveles en conjunto con la autoconsciencia; Para que evolucionara una alta flexibilidad conductual en el sistema debió desarrollarse en correspondencia con la autoconciencia, el uno no es posible sin el otro; el primer paso en esta dirección ocurrió en el ancestro común al desarrollarse el auto-reconocimiento, lo que en sí mismo significó, como ya hemos señalado, un aumento en la capacidad de combinación de conductas que posibilitaron la viabilidad de este simio y los que evolucionaron a partir de él. Luego en los seres humanos evolucionó, a partir del auto-reconocimiento y las estructuras cerebrales que lo posibilitaron, el lóbulo frontal y la capacidad de desarrollar la autoconsciencia, elevando a niveles nunca vistos la flexibilidad conductual y las posibilidades de aprendizaje. La forma que tomó este desarrollo filogenético es descrito lúcidamente por Povinelli (1998) "la evolución de un sistema psicológico nuevo no reemplaza ni se sitúa apartado del sistema ancestral, más bien los nuevos sistemas o subsistemas pueden crearse mediante la construcción dentro del marco ancestral de tal forma que las propensiones conductuales útiles de estos organismos son conservados"(pág. 90), más adelante afirma "...a pesar de la diversidad de hábitat y culturas, y a pesar de la enormidad de posibilidades abiertas por la especialización cognitiva, sospechamos que, con raras excepciones los bloques de construcción conductual que los humanos usan para generar nuevas acciones futuras han permanecido inalterables desde aquellos presentes hace millones de años atrás en el ancestro común" (pág. 91). En otras palabras, los ingredientes conductuales de la experiencia humana estaban presentes ya en el ancestro común (rango conductual) y lo que surgió en el hombre fue una mayor habilidad para crear mayores combinaciones de aquellas conductas (flexibilidad conductual) lo cual está ligado a la complejización del auto-reconocimiento en autoconsciencia.
Ontogenia de la Autoconsciencia.
El desarrollo individual de la autoconsciencia es un proceso gradual que, luego del surgimiento del auto-reconocimiento, se va desplegando en correspondencia con la complejización del lenguaje. Gracias a este último el individuo es capaz de construir modelos o categorías acerca de sí mismo (y el mundo) de alto nivel. Como veremos la evolución de estos procesos, desde su forma más rudimentaria, el auto-reconocimiento, hasta su forma más elaborada, la autoconsciencia del adulto, trae consecuencias altamente significativas para el desarrollo individual; por un lado, A) permite la aparición del mundo emocional como una dimensión psicológica subjetiva y de referencia personal y, por otro, B) posibilita la generación de simulaciones internas de la experiencia subjetiva de los otros (teorías de la mente). Tanto la experiencia emocional como la teoría de la mente que el individuo desarrolla continúan elaborando y articulandose a lo largo del ciclo vital y es, junto con la dialéctica entre consciencia primaria y de segundo orden (fenomenológicamente hablando), lo que en último término caracteriza la subjetividad humana.
Se analizará en adelante el papel de la autoconsciencia en la vida emocional y la formulación de teorías de la mente.
A) Schore (1994) afirma "aunque se piensa usualmente que la (auto)consciencia connota solamente procesos cognitivos, el envolvimiento de procesos afectivos es un componente esencial". En efecto, a través de la continua interacción de cierta actividad somática y fisiológica de la consciencia primaria con los procesos de ordenamiento de la consciencia de orden superior, es que se van trasformando los estados emocionales en experiencias emocionales. Más aún, puede decirse que gracias a la posibilidad de observarse como un objeto relacionado a la autoconsciencia, la dimensión emocional aparece como tal; sin aquella última permanecería constantemente referida al mundo externo. Un estado emocional es una "constelación particular de cambios de actividad somática y neurofisiológica" (Lewis, M. 1993) que en un sentido general caracteriza a los mamíferos y se relaciona específicamente con la evolución del sistema límbico (Mac Lean, P. 1993). Es gracias a la participación de la corteza prefrontal que en los seres humanos dichos estados emocionales se van articulando de un modo complejo, posibilitando la aparición de la experiencia emocional. Esta última corresponde a la "interpretación y evaluación que hace un individuo de su estado y expresión emocional" (Lewis, M. 1993). En otras palabras, para poder construir una experiencia emocional a partir de un estado se requiere que el individuo focalice y atienda, como parte de sí mismo aquellos estados así como la situación en que ocurren. La evidencia empírica (Hart, D. y Karmel, M.P., 1996) demuestra que, como debiera esperarse, para alcanzar una experiencia emocional rudimentaria e incipiente los infantes deben auto-reconocerse y eso no ocurre sino hasta alrededor de los 2 años y medio. Sin embargo, aunque la transformación de estados en experiencia emocionales es una habilidad que se inicia en la niñez, este no acaba nunca a lo largo del ciclo vital, más aún es un proceso que debe ser llevado a cabo (en complejidad creciente) momento a momento y con la participación permanente de los procesos de la consciencia de orden superior. Así, en esta actividad constante de construir ciertas experiencias y no otras, se va elaborando un marco de referencia (e identidad) experiencial específico y personal.
Por otro lado, la autoconsciencia es una habilidad claramente relacionada con la regulación somática y fisiológica del individuo en la medida que mediatiza y controla cierta actividad de la consciencia primaria que, de otro modo, sería automática. En efecto, se ha demostrado, por ejemplo que cierta intensidad de estimulación interna y la necesidad de organizar información fisiológica facilitan o aceleran la emergencia del auto-reconocimiento como instancia reguladora (Lewis,M. y Ramsay, D, 1997).
Por último, aunque la posibilidad de auto-reconocerse o de auto-observación que posee un niño es limitada, las consecuencias que implican son muy notorias con respecto a la configuración del dominio emocional, específicamente a partir de las emociones básicas y su interacción con la autoconsciencia surgen las llamadas emociones autoconscientes (Lewis 1993, 1998) que incluyen la vergüenza, envidia y empatía. Esta emociones permiten o posibilitan un incremento en la flexibilidad y complejidad de la coordinación del niño en el contexto social (Parker,S.T.,1998).
El lenguaje es una variable clave en el proceso anteriormente descrito, es a través de éste que es posible realizar distinciones de la actividad global e indiferenciada de la consciencia primaria, sea esta referida a sí mismo o no. En otras palabras, gracias al lenguaje y la posibilidad que otorga de "hacer referencia a" es que se puede construir un marco conceptual complejo del sí mismo y el mundo paralelo a la actividad psicofisiológica y somática de la consciencia primaria.
B) Como se anticipó, una de las características centrales de la subjetividad humana es la capacidad de construir "teorías de la mente". El concepto "teoría de la mente" fue acuñado por Premack y Woodruff en 1978 y hace referencia a la habilidad específica de los seres humanos de poder inferir y representarse los estados internos (mentales) de los otros y los propios. En otros términos, elaborar una teoría de la mente se relaciona con la actividad de simular "internamente" la experiencia subjetiva de un otro. Esto no implica que el individuo sea capaz de "ver" la experiencia del otro, o tener un acceso privilegiado a esta, todo lo contrario, se trata de construcciones basadas en la propia experiencia del individuo y su coherencia interna (Guidano, 1991). En términos de su inicio en el desarrollo individual, las teorías de la mente son más tardías que la construcción de experiencias emocionales, estas siguen al inicio del auto-reconocimiento, en cambio aquellas empiezan a establecerse alrededor de los 4 años. En relación con esto último, se puede afirmar que gracias a que el niño comienza a diferenciar un mundo interno, es decir a construir experiencias emocionales, puede luego "proyectar" a los otros su propia experiencia. En una investigación reciente Hughes, C. y Dunn, J (1998) demostraron que la toma de perspectiva afectiva predecía la ejecución de individuos en tareas relacionadas con "teorías de la mente". Es decir, para poder simular la mente de un otro, un ingrediente esencial es poder simular su emoción y para poder simular su emoción es necesario poder diferenciar, aunque sea rudimentariamente, esa emoción en uno mismo. En una línea de investigación similar, Wellman (1990) asume la experiencia de distintos niveles de elaboración de teorías de la mente y en cada una de ellas un nivel de comprensión y/o entendimiento del dominio emocional. La progresión que establece es claramente afín con lo que se plantea aquí; para poder desarrollar teorías de la mente, o una "psicología de la falsa creencia" como él lo llama, el niño debe comprender primero que las emociones o "deseos" cambian la conducta de las personas ("psicología del simple deseo"). Así podemos ver cómo el elaborar una teoría de la mente es una secuencia de procesos que surgen una vez logrado el auto-reconocimiento y que comienza con la diferenciación emocional o la construcción de experiencias emocionales, seguida de la atribución de esos estados a otros, concluyendo finalmente en la elaboración inicial de una teoría acerca de la "mente" de los otros.
Autoconsciencia: integración.
La evidencia actual (Povinelli, D. y Preuss, M. 1995; y Povinelli, D y Eddy, T. 1996) demuestra que la capacidad de generar teorías de la mente, si bien es una habilidad que depende del auto-reconocimiento y sus consecuencias, es una innovación evolutiva reciente ya que en los grandes simios, en los que se observa el auto-reconocimiento y emociones autoconscientes rudimentarias (Parker, S.T., 1998) no se ha encontrado. No es difícil deducir que aquella habilidad está directamente relacionada con la evolución de la corteza prefrontal (Povinelli, D. y Press, M. 1995) y el lenguaje. En efecto, tal como explicamos, la consciencia de orden superior no requiere del lenguaje propiamente tal para su emergencia, como se observa en los grandes simios, pero sí para su complejización y articulación como se observa en humanos.
Todo lo que se ha mencionado sobre el desarrollo de la autoconsciencia y sus consecuencias para el desarrollo individual ocurre, obviamente, en un contexto particular. En este sentido, dad la relación de los vínculos afectivos con el desarrollo del lenguaje y la vida emocional, podemos considerar a estos como la variable fundamental en la facilitación del desarrollo de una calidad específica de autoconsciencia. En efecto, es en la variación de las relaciones tempranas que se favorece la recurrencia y el emerger específico de ciertos estados emocionales y no otros (Bolwby, J. 1980) generando un marco de referencia específico para los procesos de la consciencia de orden superior. Además a través de la interacción con sus cuidadores es que el niño aprende a "etiquetar" y/o distinguir alguno de aquellos estados y no otros. Así, el sí mismo (Guidano, 1991) y la autoconsciencia dependen, por un lado directamente del contexto vincular en donde se actualizan y, por el otro, del contexto social (comunidad lingüística) donde aquella relación se hace efectiva. En este sentido, y siguiendo a Rychlak, J. (1997), podemos hacer una distinción útil; un proceso es un curso de acción repetible y discernible en base al cual un ítem bajo descripción y explicación (la autoconsciencia en nuestro caso) está secuencialmente ordenado. Un contenido, en cambio, es un ingrediente que es producido, acarreado o, de alguna manera, utilizado por un proceso. Así podemos ahora comprender claramente que la autoconsciencia y el sí mismo o identidad personal son un proceso invariante en la experiencia humana, que incluyen la dialéctica entre consciencia primaria y de orden superior, a través de la cual se construyen experiencias emocionales y se generan teorías de la mente, cuyo contenido tal como enfatiza la filosofía hermenéutica (Gadamer, H.G. 1979) y el constructivismo social (Gergen, K.J. 1985) son discursos históricamente determinados, construidos en la especificidad de determinada red de interacciones sociales. Negar el uno o el otro, proceso y contenido, acarrea un error epistemológico y metodológico lamentable.
Comentarios finales.
Probablemente el estudio de la consciencia y la autoconsciencia sea una de las tares científicas más complejas y complicadas, respecto de ambas existen con creces más preguntas que respuestas efectivas. Sin embargo, como se intentó presentar en este trabajo, existen algunos elementos muy significativos que han podido ser reconocidos; la consciencia humana, como vimos, es una dialéctica de procesos cerebrales entre una consciencia primaria y de orden superior donde no es posible experimentar el mundo y a nosotros mismos si no es con ambos procesos de interacción. En este contexto, la autoconsciencia es un fenómeno que surge con la evolución de áreas cerebrales relacionadas con la consciencia de orden superior y el lenguaje. En efecto, aunque existe evidencia que es posible la consciencia de orden superior sin el lenguaje como en los grandes simios, su complejización en un alto nivel, como en los seres humanos, lo exige. En relación con esto, el auto-reconocimiento pareciera ser lo más distintivo de la consciencia de orden superior independiente del lenguaje. Es justamente a través de este que el ser humano desarrolla una alta complejidad en su nivel de autoconsciencia a través de la construcción de experiencias emocionales y el desarrollo de teorías de la mente. Lo anterior sólo es posible en un mundo social y vincular específico donde los significados compartidos representan contenidos para los procesos invariantes antes descritos.
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