taciturno
No es necesario tener esperanza para luchar ni victorias para perseverar
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De que lado están ustedes?

26 de julio de 2008, por Jorge

Con el flaco no parábamos de reír.

- Te fijaste la cara que puso el tipo cuando lo encañonaste y le dijiste que bajara!- Decía nuevamente y volvíamos a reír.

Yo manejaba tranquilamente el auto que acabábamos de robar. Solo me preocupaba no tener que transitar por calles muy principales donde nos pudiéramos topar con los milicos.

Eran las once de la mañana y ya casi no se veían vehículos por las calles. Hacía pocos momentos que Allende había hablado por la radio Agricultura anunciando su decisión de resistir al golpe de estado. Por su parte, los milicos, se aprestaban a bombardear la Moneda.

Nos habían dado la tarea de robar un auto para poder operar en caso de que se hiciera necesario. Varios grupos de obreros se habían quedado en las fábricas con la intención de resistir. También en las poblaciones había gente dispuesta a ir al combate. Casi no había armas y un auto era bien poca cosa, pero ésa era la misión y la estábamos cumpliendo con éxito.

Poco a poco, el flaco se había empezado a tranquilizar y ya no hablaba tanto, tampoco teníamos muchas ganas de seguir riendo. Ya estábamos a unas diez cuadras de la casa donde teníamos que acuartelarnos y entregar el auto. Solo tenía que tomar, obligatoriamente, dos cuadras de esa calle principal y, luego, meternos por calles secundarias para llegar a la casa.

Enfilo por la avenida cuando, de pronto, una mujer, que caminaba tranquilamente, cae desmayada en medio de la calle. Si no freno bruscamente la habría atropellado. La mujer se veía como embarazada. Con el flaco nos bajamos rápidamente para ver que le había ocurrido. Dos hombres, que caminaban por la calle, también se acercan rápidamente.

Me inclino sobre la mujer para ver de cerca que es lo que le ocurre. Súbitamente, la mujer me ha tomado por el cuello, con fuerza, y, antes de que diera cuenta, ya estaba de pié, apuntándome con un arma.

- Entrega las llaves del auto, huevón!-

Me tenía en sus manos. Yo no me atrevía a intentar sacar mi arma, pues la mujer, con su mirada, controlaba todos mis movimientos y bien parecía dispuesta a pegarme el balazo a la menor sospecha.

Miro al flaco para pedirle ayuda, pero éste ya estaba en el suelo, controlado por los dos hombres que se habían, también, acercado a socorrer a la mujer. La situación la tenían absolutamente controlada. Era evidente que no eran un grupo corriente; era gente que se manejaba operativamente. Podían ser militantes del Partido Socialista o de otra organización revolucionaria. Pero, también, podían ser miembros de Patria y Libertad, la organización fascista de la derecha. Y éste era el peor momento para equivocarse.

- Entrega las llaves del auto, huevón! - me grita la mujer, sacándome de mis elucubraciones.

Pero, de que lado están ustedes? - se me ocurre preguntar.

Cómo que de que lado estamos! De que lado estas tú, huevón, y apúrate en entregar las llaves. Junto con decir esto, la mujer me arroja sobre el capot del auto, poniéndome el cañón en la nuca.

- Están puestas en el auto - le dije, era imposible seguir resistiendo.

- Aquí están, gorda - grita uno de los hombres a la mujer, aprestándose a hacer arrancar el vehículo. Rápidamente, el vehículo encendió su motor.

- Ya, ustedes dos, pónganse a caminar en la otra dirección y sin mirar para atrás. Entendido? - Nos ordena la mujer, que, evidentemente, era la jefa del grupo.

- Díganme, de que lado están ustedes? - les reclamo nuevamente, como última tentativa de salvar nuestra misión.

- Te pasaste para ser pesado, caminen les digo y rápido -.

Cuando miré para atrás, el auto doblaba la esquina, perdiéndolo de vista.

Con el flaco caminanos toda una cuadra sin intercambiar palabra. Era increíble lo que nos había ocurrido. Haber robado un auto, para que diez minutos después nos lo roben, era demasiado. Nadie lo iba a creer. Lo que era peor es que ya la dirección no podría contar con ese vehículo y no teníamos ninguna posibilidad de hacernos otro, las calles estaban desiertas. Solo veíamos pasar a los aviones en dirección a bombardear la Moneda.

- Putas la mierda grande - me dice el flaco - ahora, que vamos a hacer?

- Ya no tenemos mucho que hacer. Vamos a la casa e informamos. Lo menos que puede pasar es que todos se rajen riéndose de nosotros. Putas la mierda grande- repetía yo ahora.- Que estupidez, robarnos así, como a niños de pecho!- decía bajito, pero con ganas de gritarlo

Apenas llegamos a la casa, nos salió a recibir nuestro jefe.

Hey, como les fue? donde dejaron el auto ? - preguntó atropelladamente.

Sabe, compañero, nosotros logramos robar un vehículo, pero cerquita de aquí, nos lo robaron a nosotros - respondí, como tragándome las palabras y con vergüenza.

- Cómo que les robaron el auto? - dijo, entre preguntando y gritando.

- A ver, vamos al dormitorio para que me lo expliquen tranquilamente. No entiendo nada -.

Con el flaco nos comenzamos a acomodar en la pieza. Lo hacíamos calmadamente , como buscando ganar tiempo o de hacer que las cosas se enfriaran lo suficiente para hacer creíble nuestro error.

- Bueno, compañeros, explíquenme que es lo que ocurrió.- Como es eso de que les robaron el auto, estando ustedes armados ?- Nos dijo el jefe, hablando de una manera pausada, tratando de mostrar, malamente, calma.

Cuando me aprestaba a responder, la compañera dueña de la casa, se acercó a nosotros y le dijo a nuestro jefe:

- Llegó más gente, compañero, preguntan por usted.- Hágalos pasar - le respondió y dirigiéndose a nosotros, nos dijo: de ahí seguimos conversando.- Se alejó, dejando la puerta abierta de la pieza, permitiéndonos escuchar lo que pasaba en el recibo de la casa.

- Hola, compañero, cómo les fue?-

- Bien- respondió una voz suave de mujer- dejamos el auto a la vuelta-.

- Tuvieron algún problema?- inquirió nuestro jefe.

- No, ninguno. Lo único divertido fue que a los hombres que le quitamos el vehículo, insistían en preguntar:

- De que lado están ustedes?