taciturno
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Tríptico

26 de julio de 2008, por Jorge

CUENTO 1

Respuesta entregada a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por el Gobierno de Chile:

Los seis detenidos, alrededor de las 05.00 horas del día 17 de Octubre (1973),"aprovechándose de las precarias condiciones del edificio, se fugaron por una ventana que carecía de protecciones, dirigiéndose a la carrera hacia una pandereta que cierra el recinto que da a unas poblaciones periféricas. Mientras huían, fueron sorprendidos por los centinelas del Cuartel, quienes les intimaron la detención, dando las voces de alto de rigor y efectuando disparos al aire de prevención". Continúa el informe entregado por el Gobierno Militar, señalando que "pese a ello, los detenidos continuaron su fuga, ante lo cual los centinelas de guardia hicieron blanco en sus cuerpos, provocándoles la muerte." Finaliza la respuesta oficial señalando que "posteriormente, los cadáveres de los seis detenidos fueron conducidos en una camioneta hasta las cercanías del Túnel Lo Prado, donde existía el hospital de campaña del Ejército, donde fueron entregados y conducidos en una ambulancia del mismo hospital hasta el Instituto Médico Legal, donde se procedió a efectuar la autopsia de rigor."

Informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación.
Publicado por La Nación, página 46.

CUENTO 2

Este día será uno de los que nunca olvidaré. El sol de Octubre parecía que se hacía cada vez mas insoportable a medida que iba transcurriendo el día. La ropa se nos pegaba al cuerpo con la transpiración. Al haber salido de noche, mas abrigado que de costumbre, no habiendo dormido nada, el transcurrir del día se hacía más agobiante.

Lo peor era la posición que se nos obligaba a mantener. Todos de pié, separados por dos o tres metros entre cada uno de nos- otros. Nuestro único alivio eran los pilares de la vieja casona, casi en ruinas, a la que se nos había traído la noche anterior.

Ni las pichangas de fútbol que jugaron los conscriptos durante la tarde, en el patio de la casona, ni la actitud relajada del soldado que nos vigila, dan alivio a mi malestar. Sólo me anima mi esperanza de que pronto se solucionará este error de los militares.

Aun no puedo comprender por qué nos han traído. En total somos diez, todos vecinos de Las Torres de San Borja. Aunque muy poco me han dicho, creo que la señora Clara del primer piso nos ha denunciado como militantes de la Unidad Popular. Esto es lo más ridículo que he escuchado en mis sesenta y cinco anos . Mis padres eran dueños de fundo en Colchagua. En verdad, a mí no me fue tan bien en la vida, solo logré consolidarme con ese pequeño negocio de importaciones en el centro y comprarme el departamentito en las Torres. Durante todos estos años he sido militante del Partido Nacional.

No puedo comprender porque la vecina me denunció a mí también. Quizás pensó que cómo yo era amigo de todos mis vecinos...pero no todos eran de la Unidad Popular. El único de todos nosotros que era del Partido Socialista era Don Francisco, que era dirigente Sindical en la Empresa de Agua Potable. Los otros no tienen mucho que ver con política. Quizás el más activo era yo, que participaba como militante del Partido Nacional y que estaba de acuerdo con el cambio del gobierno, porque ya era prácticamente imposible vivir con la inflación y la carestía, y eso lo sabía la Señora Clara. Quizás le molestaba que yo fuera amigo de mis vecinos, que tan mal se llevaban con ella. Pero de ahí a denunciarnos...es una locura!

Como a las ocho de la noche nos trasladan a una pieza semidestruida, que los soldados utilizaban como comedor. Ahí permanecemos sentados, uno al lado del otro, sobre bancas duras, alrededor de un largo tablero con caballetes que hacía de mesa.

Ahí vivimos nuestro peor momento. Se produjo un altercado entre Don Francisco y un soldado, que entró al lugar donde nos tenían, diciendo que nosotros éramos terroristas. Don Francisco se levantó indignado diciéndole que él no tenia ningún derecho a decir aquello, pues no sabía quién era él. Yo le tomé por el brazo, diciéndole que se calmara, a la vez que, los guardias que nos cuidaban, le dijeron a su compañero que se retirara y que no debía molestar a los prisioneros. Afortunadamente todo pasó muy rápido.

Sólo me han interrogado una vez, no duró más de 15 minutos. Me preguntaron quién era yo y qué hacía. También inquirieron por mis vecinos y sus actividades. Yo los tranquilicé diciendo que eran todas personas de buen vivir y que nada tenían que ver con política. Ellos tuvieron un trato correcto conmigo y, al parecer, quedaron conformes con lo que les dije, pues dieron rápidamente término al interrogatorio y me devolvieron con los otros. Tengo la impresión de que con todos los otros el procedimiento fue también muy rápido, pues en casi hora y media estaban todos interrogados. Bueno, es lógico, pues nadie tiene nada que esconder ni que confesar. Imagino que pronto va a terminar todo este error de los militares.

Ya son las once de la noche y un oficial a venido a buscar al matrimonio argentino. No los dejaron hablar con nosotros, pero se veían bastante tranquilos. Poco después he sentido que partía una camioneta. Imagino que los han devuelto a su casa.

La camioneta ha llegado nuevamente y el oficial me llama a mí con Don Francisco.

-Señores, tengo que decirles que ustedes van a ser trasladados por orden del mando. Van a Valparaíso. Para nosotros todo esta correcto, pero quieren investigar mejor las salidas que ustedes han hecho al extranjero. Tienen cinco minutos para orinar y preparar sus cosas. Está absolutamente prohibido conversar con los otros prisioneros.-

-Muy bien, señor- respondimos en coro.

Bueno, al parecer, por fin se acaba todo esto. Imagino que ya será mucho más fácil explicar que estuve en Argentina dos veces para visitar a mi hermana. Además que ya mi familia habrá hecho las diligencias para terminar con esta pesadilla.

El cielo estaba lleno de estrellas y una temperatura agradable nos acogía. Subimos a la camioneta acompañados sólo por dos soldados más el oficial que nos había comunicado nuestro traslado. La camioneta enfiló por San Pablo, con rumbo a Valparaíso. Era agradable sentirse al final de este mal día. La camioneta ya salía de Santiago. Todas las poblaciones de Pudahuel tenían sus calles vacías. Solo unas dos o tres patrullas logramos divisar. Pienso que ya debemos estar a la altura del Túnel Lo Prado. Se ha detenido la camioneta y los soldados bajan.

-Bajen Upelientos de mierda que se terminó el paseo!-

CUENTO 3

"Inmediatamente después de los hechos, a petición del padre de una de las víctimas, Carlos Garreton [militante del Partido Nacional], se inició un sumario interno en el Ejército, concluyendo que se había tratado de un "error militar", comunicándoselo así a los familiares y procediendo el Ejército a presentar "el pésame de la Junta de Gobierno por este gran error militar"".

Informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación
publicado por La Nación, página 46.