taciturno
No es necesario tener esperanza para luchar ni victorias para perseverar
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Había que matarlo.

26 de julio de 2008, por Jorge

Teníamos que haberlo matado! Ahora me parece todo tan claro. Pero cuando lo discutimos me pareció justo el tener que esperar o, por último, esperar a que alguien de más arriba tomara la decisión. O, quizás, no era lo justo lo que me llevaba a insistir en tener que esperar.

En todo caso, el Lucho, que era partidario de matarlo de inmediato, tampoco insistió con mucha fuerza en su idea. El era el jefe y podía haber impuesto su opinión. Pero no lo hizo. También, puede que el haya tenido el mismo miedo que yo de tomar una decisión tan importante con alguien que era también nuestro jefe.

Es difícil decidir matar a alguien solo porque el análisis de la seguridad del partido así lo plantea. También era nuestra seguridad, pero en ese momento, el temor a matarlo era mas fuerte que los riesgos que nosotros corríamos.

Ahora lo veo todo más claro. Teníamos que haberlo matado. O lo ejecutábamos a él o nosotros moriríamos. Pero es difícil quitarle la vida a alguien que ha sido tu compañero. Además, el guatón Jorge llegó al taller arrancando de la DINA y ésos si que eran nuestros enemigos.

Cuando llegó todavía traía las esposas en una de las muñecas. Parecía un loco y hablaba como a borbotones. Lo habían detenido en la casa de un hermano. No tenía nada que ir hacer ahí. Hacía tiempo que la DINA lo andaba buscando. Poco le importaban los peligros que corríamos todos con ello.

Decía que apenas lo pusieron en la parrilla le entró un pánico terrible, que no lograba dominar. Así que antes de que lo empezaran a torturar entregó la casa donde vivía. De ahí no pararon las presiones ni las amenazas.

En menos de veinticuatro horas ya había entregado a toda la gente que trabajaba camuflando las armas. Cayeron como quince compañeros de un solo golpe. A uno lo mataron inmediatamente y a todos los demás los siguen torturando. La DINA dice que quiere llegar hasta el ultimo hombre.

El alegaba de que los había entregado para ganar tiempo, que eran sólo una estructura y que con ello no hacía mucho daño al partido.

Cuando habló así, yo tenía que haber concluido que había que matarlo. Aquí somos todos importantes, Ninguna vida vale menos que otra. Al final iba a resultar que su vida era mas importante que todas las demás. Pero en esos momentos no le di mucho valor a ello. Hablaba tan rápido y nosotros que queríamos saberlo todo, que se lo dejamos pasar. Se lo dejamos pasar en ese momento y en toda la discusión que vino después.

Al otro día, los interrogatorios se centraron en los contactos con la dirección militar. El tenía ese día un encuentro con otros tres miembros de ella. El como encargado logístico tenía que asistir. Y ese contacto también lo entregó. No solo lo entregó, sino que, además, la DINA lo llevó para que los reconociera. No solo no dio la hora un poco cambiada o el lugar del encuentro un poco más corrido, para que los compañeros tuvieran una pequeña oportunidad, sino que acompaña a la DINA para reconocerlos. Era como si apostara a terminar con todo y con todos los que le pudieran acusar de la infamia que estaba haciendo.

Todo lo que había dicho era más que suficiente para que yo también dijera que había que matarlo. Era claro que su vida no valía nada ni para la DINA, ni para nosotros y tampoco para él. Pero él se aferraba a la vida como un moribundo que aún cree que tiene una posibilidad de salvarse. Y yo me aferraba a su perra y puta vida. No podía olvidar que él me había enseñado a hacer análisis político, que él me había enseñado a manejar el torno, con el cual empezamos a fabricar las primeras armas. No me daba cuenta que con su actitud todo eso se había ido a la mierda.

En esos momentos me parecía que lo único que quería hacer era escucharlo y seguir preguntándole sobre lo que había pasado. Y el no paraba de hablar y de responder a las preguntas.

En el lugar del encuentro, después de esperar un rato, vio llegar a los tres compañeros. Venían desprevenidos. Parecía que ninguno de ellos pensaba que el guatón Jorge los podía traicionar o, peor aún, que ya era un traidor. No hubo ninguna presión mayor para que el los identificara rápidamente.

Los compañeros se dieron pronto cuenta de la trampa que se les había tendido iniciándose una gran balacera. Se puede decir que en algo los acompañó la suerte, pues a una cuadra de distancia había un regimiento, cuyos centinelas comenzaron a hacer fuego indiscriminadamente. Para ellos solo eran civiles disparándose entre sí y como todos los civiles son enemigos, intervinieron facilitando la fuga. Uno cayó gravemente herido y los otros dos huyeron.

El guatón Jorge, en medio de la confusión, quedó sólo en el auto en que lo transportaban, esposado a la manilla de la puerta. Al parecer, la DINA pensaba que tu no eras ningún riesgo para ellos. Así llegó donde nosotros, todavía con las esposas en una de sus muñecas huyendo de su muerte en vida.

Los hechos eran absolutamente claros. Estaba dispuesto a entregar y hacer matar a cualquiera con tal de salvar su miserable vida. Había quebrado la solidaridad más básica, sin la cual nadie puede luchar y eso le condenaba a muerte.

Así todo yo defendí la idea de que había que esperar antes de tomar una decisión. Mientras el guatón Jorge esperaba amarrado en el baño el resultado de nuestra discusión. Me opuse a la idea de matarlo y llegué a tal punto a ser convincente que finalmente decidimos esperar. Pero el Lucho tampoco parecía muy dispuesto a matarlo.

Ahora veo muy claro que había que matarlo sin más miramientos. Pero igual en la noche, durante los turnos que hacíamos para vigilarle, le seguimos perdonando la vida, pero ahora a costa de nuestras vidas. No se si fui yo o si fue el Lucho, el asunto es que uno de los dos o los dos preferimos seguir durmiendo cuando escuchamos ruidos sospechosos en el baño. Ahora ya no te fugabas de la DINA sino que de tus propios compañeros. Para él era más claro que para nosotros que había que matarlo, por eso huyó y nosotros le dejamos huir. Esa es la verdad, lo dejamos huir. Si hubiéramos tomado en serio todo lo que había dicho no se hubiera fugado.

Ahora estoy aquí, sin ninguna posibilidad de rectificar el error. Espero que el Lucho esté bien. Mientras el esté vivo, la reconstrucción de los talleres será posible de hacerlo, sin muchas dificultades. Pero ya ni me quiero acordar de él, solo deseo que él esté bien y que nada le pase.

- Ya flaco, has recapacitado o querís seguir en la máquina? El guatón Jorge dice que tú eras íntimo amigo del Lucho y que le conoces todos los recursos; así que vamos soltando donde está.-

- Está mintiendo, apenas lo conozco y no tengo idea de nada.-

Ya casi no tengo fuerzas. Pero, mierda, por qué no lo maté? Por qué no lo matamos?