taciturno
No es necesario tener esperanza para luchar ni victorias para perseverar
Portada del sitio > Imperialismo > La reestructuración capitalista y el sistema-mundo

La reestructuración capitalista y el sistema-mundo

6 de octubre de 1996, por Immanuel Wallerstein

[Conferencia magistral en el XX° Congreso de la Asociaciòn Latinoamericana de Sociología, México, 2 al 6 de octubre de 1995]

Celebramos el XX° Congreso de ALAS y discutimos las perspectivas de la reconstrucciòn de la América Latina y del Caribe. No es un tema nuevo. Se lo discute en América Latina desde 1945, si no desde el siglo XVIII. ¿Qué podemos decir ahora que sea diferente de lo que ya se ha dicho?

Creo que nos encontramos en un momento de bifurcaciòn fundamental en el desarrollo del sistema-mundo. Pienso que, no obstante, lo discutimos como si se tratara de una transiciòn ordinaria en el cauce de una evoluciòn cuasi-predestinada. Lo que debemos hacer es "impensar" no sòlo el desarrollismo neoclássico tradicional, sino también el desarrollismo de sus críticos de izquierda, cuyas tesis resurgen regularmente a pesar de todos sus rechazos, pero que en realidad comparten la misma epistemología.

Yo voy elaborar dos tesis principales en esta ponencia. Tesis No. 1: Es absolutamente imposible que la América Latina se desarrolle, no importa cuales sean las políticas gobernamentales, porque lo que se desarrolla no son los países. Lo que se desarrolla es únicamente la economía-mundo capitalista y esta economía-mundo es de naturaleza polarizadora. Tesis No. 2: La economía-mundo capitalista se desarrolla con tanto éxito que se está destruyendo y por lo cual nos hallamos frente a una bifurcaciòn històrica que señala la desintegraciòn de este sistema-mundo, sin que se nos ofrezca ninguna garantía de mejoramiento de nuestra existencia social. A pesar de todo, pienso que les traigo a Vds. un mensaje de esperanza. Veamos.

Empecemos con la Tesis No. 1. Las fuerzas dominantes del sistema-mundo han sostenido, desde por lo menos los comienzos del siglo XIX, que el desarrollo econòmico fué un proceso muy natural, que todo lo que se requiere para realizarlo es liberar las fuerzas de producciòn y permitir a los elementos capitalistas crecer rápidamente, sin impedimentos. Evidementemente, también fué esencial la voluntad. Cuando el estado francés empezaba a reconstruir la vida econòmica de sus colonias a principios del siglo XX, se llamaba a esta política "la mise en valeur des territoires" ("la valorizaciòn de los territorios"). Eso lo dice todo. Antes los territorios no valían nada, y luego (con el desarrollo impuesto por los franceses) valen algo.

Desde 1945, la situaciòn geopolítica cambiaba fundamentalmente con el alcance político del mundo non- "europeo" o non-occidental. Políticamente el mundo nooccidental se dividía en dos sectores, el bloque comunista (dicho socialista) y el otro denominado el Tercer Mundo. Desde el punto de vista del Occidente, y evidentemente sobre tudo de los Estados Unidos, el bloque communista fué dejado a su propia cuenta, para que sobreviviera econòmicamente como pudiera. Y este bloque eligiò un programa estatal de industrializaciòn rápida con el objetivo de "superar" al Occidente. Jruschov prometía "enterrar" a los Estados Unidos en el año 2000.

La situaciòn en el Tercer Mundo fué bastante diferente. En los primeros años después de 1945, los Estados Unidos concentrò todos sus esfuerzos en ayudar a Europa occidental y al Japòn a "reconstruirse." Al principio, ignorò largamente al Tercer Mundo, con la excepciòn parcial de la América Latina, campo de preferencia para los Estados Unidos desde largo tiempo antes. Lo que predicaba los Estados Unidos en América Latina era la tradicional canciòn neoclásica: abrir las fronteras econòmicas, permitir la inversiòn extranjera, crear la infraestructura necesaria para fomentar el desarrollo, concentrarse en las actividades para las cuales tienen estos países una "ventaja comparativa." Una nueva literatura científica comenzaba a aparecer en los Estados Unidos sobre el "problema" del desarrollo de los países subdesarrollados.

Los intelectuales de la América Latina fueron muy recalcitrantes a esta prédica. Reaccionaron bastante ferozmente. La primera reacciòn importante fué la de la nueva instituciòn internacional, la CEPAL, presidida por Raúl Prebisch, cuya creaciòn misma fué contestada enérgicamente por el gobierno estadounidense. La CEPAL negaba los beneficios de una política econòmica de fronteras abiertas y afirmaba en contra un rol regulador de los gobiernos a fin de restructurar las economías nacionales. La recomendaciòn principal fué la de promover la sustituciòn de importaciones por la protecciòn de las industrias nacientes, una política ampliamente adoptada. Cuando resumimos las acciones sugeridas por la CEPAL, vemos que lo esencial fué que si el Estado seguía una política sabia podría asegurar el desarrollo nacional y, en consecuencia, un aumento serio en el producto nacional bruto per capita.

Hasta cierto punto, las recomendaciones de CEPAL fueron seguidas por los gobiernos latinoamericanos y efectivamente hubo una mejoría econòmica, aunque limitada, en los años cincuenta y sesenta. Sabemos ahora que esta mejoría no perdurò y fue, en primer término, consecuencia de la tendencia general de las actividades econòmicas a nivel mundial en un período Kondratieff-A. En todo caso, la mejora de la situaciòn media en América Latina parecía insignificante para la mayoría de los intelectuales latinoamericanos que decidieron radicalizar el lenguaje y los análisis de la CEPAL. Hemos llegado a la época de los dependentistas, primera versiòn (entre otros Dos Santos, Marini, Caputo, Cardoso de los años 60, y Frank, lo mismo que Amin fuera de América Latina).

Los dependentistas pensaban que tanto los análisis como los remedios preconizados por la CEPAL eran muy tímidos. De un lado, pensaban que para desarrollarse, los gobiernos de los países periféricos deberían ir mucho más allá de una simple sustituciòn de importaciones; deberían, en las palabras de Amin, desconectarse definitivamente de la economía-mundo capitalista (según, implícitamente, el modelo de los países comunistas).

De otro lado, los análisis de los dependentistas fueron mucho más políticos. Incorporaron a sus razonamientos las situaciones políticas presentes en cada país y en el sistema-mundo. Consideraban en consecuencia las alianzas existentes y potenciales y en fin los obstáculos efectivos a una restructuraciòn econòmica. Por supuesto, aceptaban que el rol de las sociedades transnacionales, de los gobiernos occidentales, del FMI, del Banco Mundial y todos los otros esfuerzos imperialistas, eran negativos y nefastos. Pero, al mismo tiempo, y con una pasiòn igual, si no más vigorosa, atacaban a los partidos comunistas latinoamericanos y detrás de ellos a la Uniòn Soviética. Dijeron que la política abogada por estos partidos, una alianza entre los partidos socialistas y los elementos progresistas de la burguesía, equivalía a fin de cuentas a las recomendaciones de los imperialistas, de un reforzamiento del rol político y social de las clases medias, y una tal política no podría lograr una revoluciòn popular. En suma, eso no era ni revolucionario, ni eficaz, si el objectivo era una transformaciòn social profunda.

Los dependentistas escribían en un momento de euforia de la izquierda mundial: la época del Che y del foquismo, de la revoluciòn mundial de 1968, de la victoria de los vietnamitas, de un mao‹smo furioso que se expandía a prisa a través del mundo. Pero el Oriente no era ya tan rojo como se proclamaba. Todo eso no tomaba en consideraciòn los comienzos de una fase Kondratieff-B. O mejor dicho, la izquierda latinamericana y mundial pensaba que el impacto de un estancamiento de la economía-mundo afectaría en primer lugar las instituciones políticas y econòmicas que sostienen el sistema capitalista. En realidad, el impacto más inmediato fué sobre los gobiernos llamados revolucionarios en el Tercer Mundo y en el bloque comunista. Desde los años setenta, todos estos gobiernos se hallaron en dificultades econòmicas y presupuestarias enormes que no podían resolver, inclusive parcialmente, sin comprometer sus políticas estatales tan publicitadas y sus retòricas tan acariciadas. Comenzaba el repliegie generalizado.

A nivel intelectual fue introducido el tema del desarrollo dependiente (Cardoso de los añs 70 y otros). Es decir, un poco de paciencia, compañeros; un poco de sabiduría en la manipulaciòn del sistema existente, y podremos hallar algunas posibilidades intermedias que son al menos un paso en la buena direcciòn. El mundo científico y periodístico iniciaba el concepto de los NICs (New Industrial Countries). Y los NICs eran propuestos como los modelos a imitar.

Con el estancamento mundial, la derrota de los guevarismos, y el repliegue de los intelectuales latinoamericanos, los poderosos no necesitaban más las dictaduras militares, no mucho más en todo caso, para frenar los entusiasmos izquierdistas. ¡Olé!, viene la democratizaciòn. Sin duda, vivir en un país pos-dictadura militar era inmensamente más agradable que vivir en los cárceles o en el exilio. Pero, visto con más cuidado, los "vivas" para la democratizaciòn en América Latina fueron un poco exageradas. Con esta democratizaciòn parcial (incluídas las amnistías para los verdugos) venían los ajustes