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No es necesario tener esperanza para luchar ni victorias para perseverar
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Homenaje a Raúl Pellegrini y Cecilia Magni

Intervención de Jorge Palma

29 de octubre de 2008, por Jorge

Queridas amigas y queridos amigos, como ustedes saben, nos reunimos hoy para rendir un homenaje a estos dos combatientes de la Resistencia antidictatorial, Raul Pellegrini, conocido como Comandante José Miguel, y Cecilia Magni, conocida como Comandante Tamara, y para apoyar solidariamente a su familia en los gastos que ocasiona el seguir las causas judiciales que permitan llevar a la justicia a sus verdugos.

La resistencia contra la dictadura en Chile, contra las diferentes dictaduras que se establecieron en América latina, organizadas, dirigidas y financiadas por los Estados Unidos, se saldó con aplastantes derrotas. Decenas de miles de desaparecidos, de muertos y torturados, miles de familias destruidas y los tejidos sociales de los pobres, explotados y humillados fueron destruidos, que al final agotaron la resistencia del pueblo, facilitando con ello que los Estados Unidos se desprendiera de las dictaduras militares e instalara gobiernos civiles absolutamente dóciles a sus intereses globales.

El que hoy día se tenga que enfrentar los procesos judiciales, presentando estos casos como victimas de la dictadura, para sus ex compañeros y para quienes compartíamos sus espíritus de resistencia, no es más que una figura jurídica. Se tiene que hacer así porque las clases dominantes y la clase política se niegan a reconocer la existencia de la Dictadura y que todas las atrocidades ocurridas no son más que meros crímenes cometidos por individuos, no respondiendo a una lógica , a una acción sistemática del poder establecido.

Si miramos la historia chilena, veremos que el golpe militar del 11 de septiembre de 1973 tenía como objetivos cambiar de raíz las formas como se hacía la política en Chile y transformar las relaciones económicas en un sistema subordinado a los intereses norteamericanos. Si el golpe militar hubiera enfrentado a un pueblo pasivo y sumiso, seguramente no hubiera durado más que un tiempo muy limitado.

Pero existían hombres y mujeres como José Miguel y Tamara, personas que ponen en cuestión permanente los límites del poder establecido y presentan el punto del posible revés, de la posible derrota. Por ellos la dictadura duró 17 años y después de 18 años de gobiernos civiles su institucionalidad aún perdura.

Porque eso es el poder dictatorial, porque eso es el sistema relaciones establecido por los norteamericanos con los países del mundo. No hay espacio para la libertad, sólo para la sumisión. Una acción se responde con otra acción, sean estas acciones existentes o acciones que pueden generarse en el presente o en el futuro. Las relaciones de violencia dominan sobre los cuerpos y las cosas, forzando, doblegando, destruyendo o cerrando las puertas a todas las posibilidades. Se puede decir que el polo opuesto a este sistema de violencia es la pasividad, pues si encuentra cualquier resistencia no tiene otra opción que minimizarla. Esta violencia se ejerce sobre sujetos libres y sólo en tanto ellos sean libres.

Por ello, cuando conmemoramos la muerte de José Miguel y Tamara, lo hacemos recordándolos como hombres libres, que establecieron libremente su opción de combatir abiertamente a la Dictadura, sabiendo perfectamente a los peligros que se enfrentaban. Ellos no eran inocentes. Sabían a lo que se enfrentaban en caso de un fracaso. La malograda retirada, después del ataque al cuartel de los Queñes, en las montañas del sur de Chile, va a significar la ocasión propicia para la dictadura para dar una lección a la resistencia en Chile. Después de ello, la institucionalizad dictatorial se impone a lo largo del país.

Hoy, nuestra clase política y los que dominan el mundo no cesan de repetirnos que el mundo que vivimos es el único posible. Se nos repite hasta el cansancio que cuando las empresas de utilidad pública dejan ganancias es necesario privatizarlas, que cuando dejan pérdidas hay que estatizarlas. Se nos dice de que existe una amenaza terrorista mundial y se llena el mundo de fuerzas de intervención y de cárceles secretas. Se nos dice que existe una situación de inseguridad global, que el peligro está, posiblemente, en cualquier vecino, que todo el mundo debe ser individualizado, que cada modesto ciudadano debe ser fichado.

Es en esta realidad, en este momento, que al ciudadano común, al simple vecino, al modesto trabajador, se le vienen a la mente las viejas preguntas filosóficas: Que está ocurriendo en este preciso momento? Qué nos está sucediendo? Cual es el mundo, el período, este preciso momento en el que estamos viviendo?

Sin atrevernos a darle nombre a una posible respuesta, podemos decir que se han constituido alianzas, pactos internacionales, conformados por fuerzas económicas, políticas y militares que dominan sin contrapeso en el mundo, como nunca se había dado en la historia. Que nuestras visiones de la política como instrumento que nos permitiría construir el progreso, nuestro destino común, se ha desnaturalizado totalmente, transformándose, la política, simplemente en otro medio de hacer negocios. Que las visiones racionalistas que se impusieron en las ciencias, en el siglo XIX, ya no responden más a los avances científicos-tecnológicos producidos en el siglo XX.

A la pregunta de cómo podemos responder? Como resistir? Hay muchos que pretenden responder levantando las banderas del siglo pasado, multiplicándolas por 100. Al socialismo le han cambiado de nombre, ahora le llaman socialismo del siglo XXI. Se levantan 1000 programas, se suman todas las reivindicaciones. Respuestas que a poco andar muestran las limitaciones que no son más que los intereses particulares de quienes las construyen.

Y es aquí, a mi modesto entender, donde las figuras de José Miguel y Tamara, del Ché y de tantos hombres y mujeres que resistieron se levantan como gigantes. La respuesta está en cada uno de nosotros mismos. La resistencia pasa por cada uno de nosotros. En el cuidado que tengamos de nosotros mismos. Hay que consagrarse a nosotros mismos. Hay que estar vigilante y despierto a uno mismo. Cada uno debe resistir a este proceso de control e individualización de los poderes imperantes.

La libertad no es algo que se puede delegar. La lucha por la libertad es una tarea política permanente inherente a toda existencia social. La respuesta a los sistemas de dominación, como quiera que se puedan llamar, está en la resistencia de la voluntad y la intransigencia de la libertad. Así será posible que, en el día de mañana vengan otros José Miguel y Tamara y nos digan, “aquí estamos, hemos venido por aquello que nos quitaron†.

Honor y gloria para José Miguel y Tamara

poster homenaje