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En torno a l’imaginaire:

Entrevista al filósofo del imaginaire Jean-Jacques Wunenburger

29 de abril de 2009, por Hugo Francisco Bauzá

Apresentação: Bauzá e Wunenburger entre os caminhos do imaginário
Francisco Marshall

Hugo Francisco Bauzá: es Docteur por la Université de Paris IV-Sorbonne. Profesor en la Universidad de Buenos Aires y Director del Centro de Estudios del Imaginario (Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires).

Francisco Marshall: Professor do Departamento de História e do Programa de Pós-Graduação em História da UFRGS.

Toynbee ha definido al hombre como amphibium, es decir, como un ser que vive de manera simultánea en dos mundos diferentes: el de los afectos y el del intelecto. Esa circunstancia determina que, en ocasiones, se produzca una suerte de esquizofrenia entre el sentir y el pensar. Frente a esa escisión la teoría del imaginaire . evitamos la palabra española .imaginario. ya que ésta remite a otro ámbito semántico . pretende volver a enlazar la función lógica con la imaginativa para brindar al hombre la plenitud y equilibrio de todas las dimensiones de su psiquis. Para ese cometido la teoría del imaginaire privilegia el estudio de las imágenes, las que han sido descuidadas o relegadas a un segundo plano frente a la palabra escrita omitiendo referir que ésta tiene sólo unos 6 o 7000 años, frente a las imágenes que existen desde que existe el hombre. Hoy nos hallamos ante la civilización de las imágenes pero, sin embargo, estamos imposibilitados de darles un carácter simbólico; la doctrina del imaginaire orienta sus esfuerzos a recuperar ese carácter. Los estudios sobre l’imaginaire . a los que es preciso no identificar con la función imaginativa que es sólo uno de sus aspectos, se proyectan como un dinamismo organizador. (Joël Thomas dixit) que hace posible una circulación entre las esferas lógica y afectiva. El campo de l’imaginaire no se halla en una esfera, ni en la otra, sino en un espacio intermedio, dotado de un poder de mediación sobre nuestro mundo. A esta función la mitología clásica la expresó de manera simbólica bajo la figura de Hermes, el dios mediador, el psychagogós, que conduce las almas a la otra ribera. Ha sido Gilbert Durand quien, apoyado en ideas de Jung y de Bachelard, ha difundido esta doctrina. Entre sus seguidores más originales se cuentan Joël Thomas y Jean-Jacques Wunenburger. Este último visitó Buenos Aires para inaugurar las .Jornadas sobre El imaginario en el mito clásico. celebradas en la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires; también en esa ciudad, y sobre la misma temática, dictó una conferencia en la Universidad Nacional de General San Martín y otra en la Alianza Francesa. J.-J. Wunenburger, actualmente Profesor y Decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Lyon, es autor de nu- merosos trabajos; entre los más salientes: L’utopie ou la crise de l’imaginaire (Ed. Delarge), La vie des images (PUF), Philosophie des images (PUF), Une utopie de la raison (La Table Ronde), Le sacré (PUF).

H. F. B. ¿Qué entiende por .imaginaire.?

J.-J.W. En los usos corrientes del vocabulario de las letras y de las ciencias humanas el término imaginaire, en tanto sustantivo, remite a un conjunto muy vago de componentes. Fantasma, recuerdo, ensoñación, sueño, creencia inverificable, mito, novela, ficción son tanto expresiones del imaginaire de un hombre, cuanto de una cultura. Se puede hablar del imaginaire de un individuo, pero también de un pueblo, a través del conjunto de sus obras y creencias. Forman parte del imaginaire las concepciones pre-cientí- ficas, la ciencia ficción, las creencias religiosas, las producciones artísticas que inventan otras realidades (pintura no realista, nove- la, etc.), las ficciones políticas, los estereotipos y los prejuicios sociales. Este término es difícil de asir y, en ocasiones, se confun- de con otros con los que tiene sutiles interferencias; con todo, convengamos en lamar imaginaire a un conjunto de producciones mentales o materializadas en obras, sobre la base de imágenes visuales (cuadro, dibujo, fotografía) y lingüísticas (metáfora, sím- bolo, relato), que forman conjuntos coherentes y dinámicos que revelan una función simbólica en cuanto a un enlace de sentidos propios y figurados.

H. F. B. ¿Podría pensárselo, en cierto modo, como una disposición de nuestra psiquis anterior al pensamiento abstracto?

J.-J. W. En efecto, ya que l.imaginaire fundamenta nuestras creencias, nuestras interpretaciones, nuestras esperanzas, nuestros recuerdos.. y participa, en consecuencia, de las conformaciones de valores y de significaciones.

H. F. B. ¿Cuál es el uso específico de ese término referido a un campo semántico que, en ocasiones, parece lábil?

J.-J- W. El uso de este término en sentido filosófico es rela- tivamente reciente. En el último medio siglo aparece en algunos pensadores franceses . J.-P. Sartre, G. Bachelard, R. Cailois, Cl. Lévi-Strauss, P. Ricoeur, G. Durand, H. Corbin, G. Deleuze, J. Derrida, J. F. Lyotard, C. Castoriadis, M. Serres .. Cualquiera sea el método empleado, l.imaginaire puede ser aprehendido en tanto que impulso de representaciones donde fondo y forma, partes y todo, se entrelazan. L.imaginaire no es una forma de lo irracional sino que, antes bien, debe ser visto como un espacio-tiempo .alógico. de representaciones. L.imaginaire es una organización compleja y sistémica de imágenes, dotadas éstas de una creatividad propia, tal como lo ha explicado G. Bachelard y, tras sus pasos, G. Durand.

H. F. B. ¿En qué medida uno puede pensar las ideas bachelardianas como fundamento de una teoría de l.imaginaire?

J.-J. W. Para G. Bachelard el encadenamiento de imágenes y sus relaciones mutuas han sido equivocadamente tomadas como gratuitas e incoherentes. Por el contrario, las imágenes obedecen a una lógica o más exactamente a una dialéctica y a una rítmica que no tiene nada que envidiar a aquelas del concepto. Para Bachelard la vida de las imágenes reposa sobre las leyes de una verdadera .física onírica., que son tan embarazosas como las leyes físicas. Bachelard ha intentado establecer el .diagrama poético. de un creador de imágenes, éste supone que .las metáforas se laman y enlazan más que las sensaciones, al punto que un espíritu poético es pura y simplemente una sintaxis de metáforas.. Cada poeta debería entonces dar lugar a un diagrama que indicara el sentido y la simetría de las coordinaciones metafóricas, exactamente como el diagrama de una flor fija el sentido y las simetrías de su acción floral.

H. F. B. ¿Cómo se produce el tránsito de esas ideas bachelardianas a la sustentación del imaginaire tal como lo postula G. Durand?

J.-J. W. El aporte bachelardiano fue ampliado mediante una sistematización del imaginaire por obra del antropólogo Gilbert Durand (cf. sus Estructuras antropológicas del imaginario). Extendida a un conjunto de formas d.imaginaire (psicoanálisis, obras artísti- cas, mitos religiosos, etc.), esta sistematización engendra dos gran- des regímenes de formación de imágenes tanto visuales cuanto lingüísticas, uno nocturno y otro diurno. El primero, de tipo intimista, tiende a aglutinar los elementos jugando sobre las analogías y las diferencias; el segundo, por el contrario, apunta a valorizar los cortes, los antagonismos y las antítesis.

H. F. B. ¿Cómo se articula la teoría del imaginaire en una sociedad marcada por un desmedido afán prometeico de racionalidad como la nuestra?

J.-J. W. El fin del siglo XX estuvo marcado por el cuestiona- miento a una cultura prometeica de la racionalidad, caracterizada durante largo tiempo por una suerte de voluntarismo progresista . al decir de Lyotard . ; este modelo está siendo reemplazado por el paradigma de Hermes que da lugar a una racionalidad lábil, muele. Hay que distinguir, en consecuencia, dos modelos: por un lado, una racionalidad muy ligada a modelos lógicos, formales y con una confianza en las virtudes de la demostración y de la verificación experimental que ha servido de referencia a las filosofías de los siglos XVII al XIX (positivismo, cientificismo..); por el otro, una racionalidad lábil (o muele), post-nietzscheana (en lenguaje de Vattimo) que integra muchas clases de representaciones y de acontecimientos no-racionales y subjetivos (intuiciones, afectos, imágenes), y que valoriza la argumentación, la retórica, la dialéctica.. Frente a la amenaza de una cibercultura uniformizante, inten- temos, de manera filosófica, apropiarnos de nuevas racionalidades y, en particular, volver a orientar la imagen visual y la metáfora hacia sus potencialidades originarias, para dialogar de manera nueva con el conjunto de sistemas de pensamiento del mundo.

H. F. B. ¿Qué función cabe a los mitos en el dominio del imaginaire?

J.-J.W. L.imaginaire como método de despliegue de la imagina- ción no podría quedar reducido a una simple función de huida fuera de lo real, o de mero divertimiento. La imaginación produce sus obras con fines estéticos o lúdicos, pero participa también de fines cognitivos (ayuda a pensar) y de fines pragmáticos (motiva y orienta nuestras acciones individuales o colectivas, en política, por ejemplo, tal como lo muestran las utopías). Al respecto, la elaboración de mitos nos parece particularmente significativa en la manera según la cual l.imaginaire ayuda a pensar más alá de lo que podemos conocer objetivamente. El mito inventa de manera simbólica una comprensión de las cosas, encuentra un orden y un sentido, aun cuando su explicación .lógica. no resulte creíble. Sobre este hecho las narraciones míticas se remontan generalmente a lo largo de filiaciones genealógicas hasta un primer momento, tejiendo relaciones entre seres o acontecimientos que están distantes y sepa- rados del espacio real.

H. F. B. ¿En ese sentido el mito, situado en un ámbito metahistórico, ¿puede servir como vía de aproximación a la verdad?

J.-J. W. Para la comprensión mítica lo dado no está al princi- pio descompuesto y, por tanto, conceptualizado, sino, por el con- trario, absorbido en una totalidad narrativa que no disocia lo real de lo virtual, lo visible de lo invisible, lo fenoménico de lo metaempírico. Es precisamente en su oposición tajante con el pensamiento racional y científico donde el pensamiento mítico encuentra una claridad nueva. La comprensión que l.imaginaire permite del mito no podría estar pura y simplemente asimilada a una función gratuita, a una invención de irrealidad, a un juego de espíritu que se extravía en la falsedad. El mito se presenta como un modo específico de actividad intelectual y lingüística que sirve de canal de expresión de un sentido que no encuentra en la razón analítica y abstracta un medio de formulación adecuado. La producción de narraciones míticas constituye una vía de aproxi- mación a la verdad, de la que es necesario reinterpretar de manera ininterrumpida su contenido, ya que éste se encuentra diseminado en una totalidad, inconmensurable a nuestra capacidad de inteligencia finita. L.imaginaire proporciona técnicas de pensamiento simbólico y analógico (mito, símbolo, metáfora, diseño) que interfieren en diversos grados con los procesos cognitivos.

H. F. B. ¿Cómo articular un pensamiento fundado sobre la base del imaginaire?

J.-J. W. De las múltiples funciones de las imágenes -en ocasiones contradictorias- importa, sobre todo, aprender a usarlas de modo adecuado, a vivir armónicamente con nuestro imaginaire y a entender que su valor difícilmente puede estar encerrado en una respuesta unívoca. Mejor que fijarse en la cuestión de la disolución o de la rehabilitación de l.imaginaire, sería más adecuado preparar al sujeto para vivir con él según una dialéctica de adhesión/distan- ciamiento. La eficacia de l.imaginaire depende de que atribuyamos a las imágenes, al menos, una semi-realidad capaz de hacerlas pasar, aunque más no sea momentáneamente, a través de realidades más atrayentes y verdaderas que la realidad percibida y pensada. Es preciso convertir las seducciones a veces fatales de l.imaginaire en caminos que conduzcan a la libertad.

Recebido em 15/01/2008.
Autor convidado.